Protocolos
Los protocolos de exploración son la parte menos vistosa y más decisiva de una valoración: son el guion que garantiza que no se queda nada sin mirar. Aquí están los nuestros, completos y gratuitos.
Hay exploración interdisciplinar orofacial en dos versiones —una para niños y otra para adultos— y un protocolo de detección de roncopatías y SAHOS para pacientes adultos.
Forma parte de recursos gratuitos. El material para explorar —no el documento— está en exploración y diagnóstico.
Por qué «interdisciplinar»
Porque lo que se mira en una exploración orofacial no cabe en una sola profesión. Frenillo, oclusión, respiración, deglución y postura se reparten entre logopedia, odontopediatría, ortodoncia y otorrinolaringología, y una valoración que solo mira una parte deriva tarde o no deriva.
Por eso estos protocolos están redactados para que el hallazgo se pueda comunicar a otro profesional sin traducirlo: si el logopeda ve un frenillo corto, el documento ya recoge lo que el odontopediatra necesita saber.
¿En qué se diferencia el de niños del de adultos?
En qué se espera encontrar. En el niño se valora un sistema en desarrollo: hábitos que aún se pueden reconducir, patrones que no se completaron. En el adulto se valora un sistema ya instalado, con compensaciones de años y, muchas veces, consecuencias de sueño y respiración.
¿Qué es el protocolo de roncopatías y SAHOS?
Una herramienta de detección, no de diagnóstico. Recoge los signos que hacen sospechar apnea obstructiva del sueño en un adulto —ronquido, pausas, somnolencia diurna, posición lingual, permeabilidad nasal— para decidir si hay que derivar a la unidad del sueño. El diagnóstico lo da un estudio del sueño, no un cuestionario.
Cómo se pasa, en la práctica
Primero la anamnesis, y sin prisa. Mucho de lo que orienta la exploración sale de lo que cuenta el paciente o la familia antes de mirarle la boca.
Después la exploración, en orden fijo. El orden es lo que convierte un protocolo en un protocolo: si se improvisa, se olvidan cosas y no se puede comparar con la siguiente valoración.
Y anotar también lo normal. Un apartado vacío no distingue entre «estaba bien» y «no lo miré», y esa diferencia importa cuando el caso se revisa meses después o lo recoge otro profesional.