También para adultos
Construcción magnética flexible – Clixo
Tambú 8″ – 11 notas
Esta categoría no está aquí porque haya juegos «también aptos» para mayores. Está porque hay dos situaciones reales en las que el adulto no acompaña, sino que juega: cuando se juega entre generaciones y cuando el juego es la herramienta de trabajo de un profesional con pacientes adultos.
Aquí encontrarás juegos de rapidez y observación, preguntas, narrativa por audio, dibujo y material antiestrés — todo lo que funciona igual de bien a los diez años que a los setenta.
Está dentro de juguetes por edades y se solapa con juegos en familia.
El juego como material de terapia con adultos
Es el uso menos visible y el más interesante. En rehabilitación de afasia, daño cerebral adquirido o deterioro cognitivo leve, el material de juego resuelve un problema que las fichas no resuelven: la dignidad.
Un adulto de sesenta años que ha tenido un ictus y al que se le pone delante una ficha de colorear sabe perfectamente lo que está pasando, y muchas veces se cierra. El mismo adulto, jugando una partida de rapidez visual contra el terapeuta, está trabajando exactamente lo mismo sin que la tarea le recuerde lo que ha perdido.
Lo que se trabaja, sin que lo parezca:
- Denominación y acceso al léxico — juegos de preguntas y de nombrar contrarreloj.
- Atención sostenida y velocidad de procesamiento — rapidez y observación.
- Funciones ejecutivas — planificar, inhibir, cambiar de criterio.
- Discurso narrativo — contar lo que ha pasado en la partida, que es narrativa espontánea sin pedirla.
- Turnos y pragmática — especialmente relevante tras un daño frontal.
Un criterio de compra importante para este uso: que la estética no sea infantil. Un juego con dibujos de animalitos no se puede usar con un adulto sin que se note. Los formatos de cartas, los de preguntas y los de madera neutra son los que mejor funcionan.
Jugar entre generaciones
El otro escenario: abuelos y nietos. Y ahí el requisito es distinto — hace falta que el juego no dependa de la vista fina, de la velocidad de mano ni de referencias culturales recientes.
Los que aguantan bien esa mezcla son los de preguntas por equipos, el bingo, las cartas de toda la vida y los de observación con piezas grandes. Los de rapidez pura son injustos en esta combinación, al revés que con niños y padres.
Y una ventaja poco comentada: para una persona mayor, jugar con un nieto es de las pocas actividades donde no está en posición de necesitar ayuda. Eso importa más de lo que parece.
El material antiestrés no tiene edad
Los objetos de apretar y manipular se venden como juguete infantil y se compran mucho para adultos. Funcionan por el mismo mecanismo a cualquier edad: dan salida a la activación por las manos mientras la cabeza sigue en la reunión, en el examen o en la sala de espera.
En consulta también se usan como apoyo para la regulación durante tareas exigentes, y en trabajo con personas con ansiedad o con inquietud motora.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden usar juegos infantiles en terapia con adultos?
Sí, y se hace constantemente, pero con un criterio: que la estética no sea infantil. Lo que un adulto rechaza no es la dificultad de la tarea, es que el material le trate como a un niño. Las cartas, los juegos de preguntas y el material de madera neutra pasan ese filtro; los de dibujos de animalitos, no.
¿Qué juegos sirven para trabajar con personas con afasia?
Los de denominación y acceso al léxico —nombrar contrarreloj, preguntas, asociaciones— y los de discurso narrativo. La ventaja frente a la ficha es la motivación: el paciente habla porque quiere ganar la partida, no porque se lo pida el terapeuta, y eso cambia la calidad de lo que produce.
¿Qué juego funciona con abuelos y nietos a la vez?
Los de preguntas por equipos, el bingo y las cartas clásicas. Conviene evitar los de rapidez pura, que penalizan a la persona mayor, y los de referencias culturales recientes. Piezas grandes y contraste alto ayudan bastante.
¿El material antiestrés sirve para adultos?
Funciona igual a cualquier edad: canaliza la activación por las manos sin ocupar la atención. Se usa mucho en situaciones de espera, durante tareas cognitivas exigentes y como apoyo a la regulación en consulta.