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Las funciones ejecutivas son el director de orquesta del cerebro: lo que permite pararse antes de responder, mantener una instrucción en la cabeza mientras se hace otra cosa, cambiar de estrategia cuando la primera no funciona y organizar los pasos de una tarea. No se enseñan explicando; se entrenan usándolas.

Aquí encontrarás juegos que las ponen en marcha de forma natural: memoria de trabajo, control inhibitorio, atención selectiva, flexibilidad cognitiva y planificación.

Forma parte de las áreas de desarrollo y se relaciona con la audición y lenguaje y con el razonamiento lógico.

Las tres funciones ejecutivas básicas, y qué juego trabaja cada una

Casi todo lo demás se construye sobre estas tres:

  • Memoria de trabajo. Sostener información en la cabeza mientras se opera con ella: recordar dónde estaba la carta, seguir una consigna de tres pasos, hacer un cálculo mental. La entrenan los memory y los juegos con reglas acumulativas.
  • Control inhibitorio. Frenar la respuesta automática. Es lo que permite esperar el turno, no decir lo primero que se piensa y no tocar la pieza equivocada. Lo trabajan los juegos de rapidez con reglas que cambian, y los dominós de atención selectiva.
  • Flexibilidad cognitiva. Cambiar de criterio sobre la marcha. Los juegos donde hay que clasificar primero por color y luego por forma la exigen constantemente.

De ahí salen las de nivel superior —planificación, organización, resolución de problemas— que aparecen en juegos de estrategia como Tekitoua.

Por qué el juego de mesa entrena esto mejor que una ficha

Un juego de mesa exige las tres funciones al mismo tiempo y bajo presión social: hay que recordar las reglas, esperar el turno, adaptarse a lo que hace el otro y aguantar perder. Una ficha de "tacha los iguales" trabaja una sola cosa, sin presión y sin motivación.

Y hay un factor decisivo en sesión: el niño quiere seguir jugando. Eso permite muchas más repeticiones que cualquier tarea dirigida, y las funciones ejecutivas solo mejoran con repetición y con exigencia creciente. Un juego que se repite quince veces vale más que quince ejercicios distintos.

Expectativas realistas: qué mejora y qué no

Conviene ser claro, porque en este terreno se prometen muchas cosas. La evidencia sobre entrenamiento cognitivo dice bastante consistentemente que se mejora en la tarea entrenada y que la transferencia a otras tareas es limitada. Jugar mucho al memory hace a un niño muy bueno al memory; no le hace automáticamente mejor estudiante.

Lo que sí aporta este material, y no es poco: práctica real de esperar, de perder, de seguir reglas y de sostener atención en un contexto donde el niño quiere estar. Para muchos niños con TDAH esa es además una experiencia escasa —una actividad en la que van bien— y eso tiene un valor que no aparece en ningún test.

La transferencia mejora cuando se hace explícita: nombrar la estrategia durante el juego ("te has parado antes de responder") y luego señalarla en otra situación es lo que convierte la práctica en aprendizaje. El juego solo no basta; el juego con un adulto que lo verbaliza, sí.

Preguntas frecuentes

¿Qué son las funciones ejecutivas?

El conjunto de procesos que permiten dirigir la propia conducta hacia una meta: memoria de trabajo, control inhibitorio, flexibilidad cognitiva y, sobre ellas, planificación y organización. Maduran lentamente y no terminan de desarrollarse hasta bien entrada la adolescencia.

¿Estos juegos sirven para el TDAH?

Ayudan a practicar habilidades concretas y ofrecen situaciones de éxito, que no es poco. Pero no son un tratamiento y la transferencia a la clase o a los deberes es limitada si no se trabaja también allí. Ante sospecha de TDAH, la valoración corresponde al profesional.

¿Cómo elijo el nivel adecuado?

Que el niño gane aproximadamente una de cada tres partidas. Si gana siempre no está entrenando nada; si pierde siempre, abandona. Los juegos con algo de azar son especialmente útiles porque permiten que gane sin ser el mejor.

¿Cuánto tiempo por sesión?

Partidas cortas y repetidas rinden más que una sesión larga. Diez o quince minutos con dos o tres partidas del mismo juego es un formato que funciona bien, y permite además ver la mejora dentro de la misma sesión.